Antes de desgranar nuestro rosario justo es agradecer y saludar a quienes en las redes sociales o a través de nuestras listas de distribución siguen esta columna cada semana, como Rafael Servín, quien es asiduo lector; lo mismo que Jorge Eugenio Bucio Lemus y el maestro Cuauhtémoc Manuel De Dienheim Barriguete que no se pierden Una de Vaqueros ni La Guadaña, gracias a todos.
Revuelo, enojo, indignación y rabio causó la noticia sobre el robo de la estatua de uno de los seis Niños del Rayo, homenaje póstumo a seis menores que perecieron por una descarga eléctrica mientras entrenaban en las canchas de la Unidad Deportiva Cuauhtémoc.
En una noche los amantes de lo ajeno sustrajeron las seis placas que identificaban a cada uno de los niños y la placa del monumento, seguramente para venderlo y comprar drogas o alcohol con las ganancias, dejando mutilado el recuerdo con que la comunidad futbolera recuerda la tragedia en que perdieron la vida esos chamacos morelianos.
También desconcierta la actitud del presidente de la Liga Municipal de Morelia, un tal Gabriel Prado Fernández, ha sido propia de un avestruz: escondiendo la cara y dejando el trasero expuesto, muy su estilo, sin embargo, ha sido el regidor perredista Fernando Orozco Miranda, quien ha levantado la voz al respecto.
Ha sido tal la indolencia de Prado que los padres de familia de los pequeños están sopesando retirar de la UDC las cinco estatuas que perduran, pues dos de ellas están ya flojas y es cuestión de tiempo para que se las roben, y están en su justo derecho, pues el costo de las placas y estatuas corrió por cuenta de ellos y en la liga ni quien se haga responsable de nada.
Dónde sigue el retraso e indiferencia es en el tribunal de Justicia Administrativa, en donde Arturo Bucio Ibarra se regodea en la autocomplacencia mientras se acumulan expedientes dejando a quienes recurren a esa instancia en la indefensión y totalmente vulnerables.
Los abogados adscritos a la defensoría se quejan de la sobrecarga de trabajo que reciben a causa del cobro indebido por parte del organismo operador de la capital, y que esto satura todo el tribunal, entonces, mejor que cierren las puertas y se declaren incompetentes.
Igual debería hacer Salvador Jarra Guerrero, ese que cobra como rector de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, quien lleva desde que llegó a la rectoría gritando que no tiene dinero, además de ventilarse de los despilfarros con cargo al erario que realiza en chaparrito dientes de rata.
Se va a correr la maratón de Nueva York y lleva porra, claro, pagando la unimich los gastos de la comitiva, además de desayunos, comidas y cenas que realiza Jarrita en restaurantes de lujo, vamos, Chavita no conoce el concepto de austeridad ni mucho menos lo que significa recesión.
Tan mal andan que los equipos deportivos, que todos se llaman Zorros, por cierto, viajan y se uniforman por su propia cuenta y gasto, pues la Casa de Hidalgo no tiene presupuesto para pagarles, instalaciones como gimnasio y pistas se han vuelto un lujo para la población estudiantil, pues ahora resulta que hay que pagar inscripciones y mensualidades por equipo que pertenece a la universidad y por la asesoría de profesores que cobran en nómina. Vaya tela de pilluelo ese Jarrita.
Donde se ha vuelto insoportable la acción directa de la delincuencia común y muy corriente, es en la capital de Michoacán, la multicitada Morelia, que a pesar de ociosas declaraciones y triunfalistas dichos, sigue siendo la caja de resonancia de todo el estado y el delito se enseñorea impunemente.
Cada día se roban 17 vehículos, entre autos y camionetas; el robo a transeúnte es alarmante lo mismo que el robo a casa habitación, la autoridad lejos de ayudar obstaculiza, por eso muchas víctimas de estos delitos optan por no someterse a la tortura de levantar una denuncia penal.
Esto no es cuestión de percepciones, ni siquiera de colores partidistas, lo político quedó relegado por la obviedad y zozobra que vivimos los morelianos a cualquier hora del día en cualquier rumbo del municipio, no hay garantía de seguridad en la propia persona y sus pertenencias.
Y la situación empeora cuando la figura de autoridad que se supone debe infundir confianza en la ciudadanía, es la primera a la que se le tiene desconfianza y más miedo que a los criminales, la policía municipal de Morelia no cuida ni protege a la ciudadanía, sirve a otro tipo de intereses, eso nos queda claro a muchos.
Entonces, si el gobierno emanado de las urnas no es capaz de garantizar los más mínimos derechos a sus ciudadanos, éstos va a comenzar a utilizar los medios a su alcance para protegerse, de ahí tantas calles cerradas en colonias y fraccionamientos.
La cuota de sangre ya es muy alta y Juan Pueblo calló ya en el hartazgo del que nada más pone y apoquina, mientras un reducido grupo de gente se despacha de lo lindo. Ya basta sí, y es hora de articularse, de agruparse y cerrar filas, pues no hay político con varita mágica ni voluntad de ensuciarse las manos.
Va un saludo desde este humilde espacio a las integrantes del equipo de voleibol Alfil, que cerraron su etapa de preparación ganando invictas el cuadrangular Valladolid, ánimo chamacas y pónganse truchas, pues a fines de este mes comienza la liga municipal.
